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viernes, 22 de febrero de 2013

Edward Gorey, y el estilo creepy

Según Google, hoy es el 88º aniversario del nacimiento de  Edward Gorey, ilustrador americano de mediados del siglo XX.
Hace poco cayó en mis manos un ejemplar de su recopilatorio de cuentos ilustrados Three Classic Children's Stories: Little Red Riding Hood, Jack the Giant-Killer, and Rumpelstiltskin, buena muestra del acabado gótico, oscuro y misterioso de sus dibujos a línea.

Three Classic Children's Stories: Little Red Riding Hood, Jack the Giant-Killer, and Rumpelstiltskin
Libro ilustrado por Edward Gorey
En este libro, Gorey contrasta el carácter infantil de los cuentos con un estilo que más bien podría identificarse con una película de terror. Este aspecto en sus dibujos, que algunos definen como "gótico" o "victoriano", consiste básicamente en una serie de rayados en tinta negra, que bien podrían recordar a antiguos grabados, acompañados, a veces, por un toque de color. También contiene grandes dosis de romanticismo, celebrando la muerte y los sucesos macabros como refugio ante una insulsa realidad.
Además, su trabajo se llevó a la animación en la serie Mistery!, donde participó realizando el opening, repleto de personajes oscuros y tenebrosas escenas, con un punto de humor macabro (al estilo de La Familia Adams, o Los Monster).


Tanto es así, que se le considera el predecesor del conocido director de cine Tim Burton, a quien siempre han seducido los temas tenebrosos y enigmáticos.
¿Cuál es realmente el detonante del éxito de este estilo, que en un primer momento resultó "inadaptado" o incomprensible? Como suele ocurrir, se trata tan sólo de apariencia, pues en realidad se dedicó a narrar historias de éxito reconocido; novelas de terror como Drácula, o cuentos tradicionales como Caperucita Roja, ambas, historias fantásticas que triunfaron generación tras generación.
Otro contemporáneo de Gorey, Maurice Stendak, ilustraba sus cuentos con un estilo parecido, aparentemente infantil, pero que más bien podría destinarse a un público adulto. Así sucedió con Donde viven los monstruos, su obra más conocida, en la que el protagonista rompe con el tópico Disney de "niño bueno e inocente", que aparecía en las películas de dibujos, y la literatura infantil en aquellos tiempos, y dando una visión más "real" de la infancia (haciendo travesuras).

Ilustración del libro Donde viven los monstruos, de Maurice Stendak
Gracias a este tipo de dibujantes, se pone en auge un estilo mucho más versátil de lo que parece, utilizado para acercar al público general un género que tradicionalmente se había considerado afín a los amantes del terror y la ciencia-ficción; es el auge del estilo creepy.
De esta forma, Gorey es otra muestra de cómo se pueden versionar cuentos e historias de toda la vida, sin que "pasen de moda", y capten la atención de nuevos espectadores. Naturalmente, la calidad de la narración también cuenta, y mucho, pero la ilustración en estos casos sirve, digamos, de "gancho" para quienes no están tan interesados por el tipo de historia que se cuenta, sobretodo cuando se trata de captar la atención del público (al contrario de lo que suele ocurrir) adulto. Gracias al particular estilo de Gorey, sus cuentos más infantiles resultan atractivos para un público más mayor, que ve cómo sus personajes se vuelven retorcidos y misteriosos, al igual que en el caso de Stendak, que realiza dibujos que un público infantil no llegaría a comprender hasta una edad más avanzada.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Gustave Doré

Hoy os presento a Gustave Doré (1832-1883).
Este célebre ilustrador del siglo XIX realizó una versión de Pulgarcito en grabado.
Fue de los ilustradores más conocidos y productivos de su tiempo, ya que vivió tan sólo 50 años, e ilustró una cantidad ingente de cuentos tradicionales y otro tipo de novelas, publicando en algunos periódicos y exponiendo en varias galerías. Su estilo, repleto de líneas que dan vida y volumen a las imágenes, resultó bastante versátil en cuanto a la temática de las imágenes, aportándoles un toque de oscuridad y misterio, además de la expresividad característica del arte clásico, en el que los personajes parecen permanecer congelados en un instante del movimiento, con historiadas pero calculadas poses.
La versión que Doré ilustró de Pulgarcito fue la Perrault, al igual que hizo con otros cuentos tradicionales en Les Contes de Perrault.
Personalmente, creo que la exageración en los gestos y poses resulta en ocasiones demasiado forzada, aunque su versión de los cuentos resulta de gran interés a la hora de buscar referencias gráficas al respecto.

Gustave Doré, Le Petit Poucet

viernes, 2 de noviembre de 2012

Sobre la publicidad ilustrada

Publicidad e ilustración siempre han mantenido una estrecha relación.

Hoy, viendo un documental sobre los primeros grandes almacenes de la Historia, no podía (ya fuera debido a mi obsesión por la ilustración, o porque realmente partan de la misma idea) dejar de relacionar conceptos entre una y otra.
Podríamos decir que ambas parten de un mismo principio: la creación de mundos ideales con los que la gente, sea de la clase social que sea, se sienta identificada, y ansíe poseer.
Además, podríamos hablar también, del mundo del cine "comercial", que vende historias que todos comprendemos, y con las que nos sumergimos en nuestras propias aspiraciones, miedos (a propósito de la fiesta de Todos los Santos), frustraciones, etc.
En definitiva, se trata de empresas que juegan con las sensaciones del espectador para venderle un producto.
Sin embargo, al final del documental, se habla de cómo las mujeres, a las que aquellos grandes almacenes habían liberado, sacado de sus casas, y equiparado con ciudadanas de nivel económico superior, se vuelcan en contra de la "esclavitud" comercial que suponía pasar las horas trabajando en semejantes lugares, o admirando sus productos (o padeciendo la cleptomanía, que también cobró auge a partir de entonces).
Es curioso cómo, después de darle el éxito, tanto económico, como social, a este fenómeno tan presente en la "vida moderna" como es el comercio, de pronto, nos volvemos en contra suya. Cómo, sin apenas darnos cuenta, distinguimos entre géneros"comerciales", y "de autor" en la cultura.
¿Cuál es la diferencia entre un concierto de música clásica, y otro de los Rolling Stones? ¿Cuál de ellos nos hace más "distinguidos"? ¿Acaso hoy día seguimos haciendo la misma distinción de clases que en el siglo XIX?
Rockwell (este señor sirve de ejemplo para casi todos mis razonamientos) se dedicó a pintar numerosos anuncios de productos que ahora llamamos "consumibles"; chicles, calcetines, refrescos, etc. Sin embargo, llegó un momento en el que la gente pensaba: "¡Es un Rockwell! ¡Así que debe de ser un buen calcetín, digno de confianza!" (Marling, Karal Ann. "Norman Rockwell 1894-1978 El pintor más popular de Estados Unidos". Ed. Taschen, Alemania, 2005).

Rockwell fue quien creó esa imagen de confianza en algunas marcas. Sus ilustraciones hacían imaginar mundos maravillosos a los clientes, que se dejaban llevar por la publicidad.
Hoy día, ocurre algo parecido con la cultura, sobretodo en el campo del cine, de la literatura, y de toda manifestación cultural o artística que contenga una cierta narración en la que sumergir al espectador.
Pese a los avances, una imagen sigue valiendo más que mil palabras, y en ocasiones, incluso puede llegar a cambiar la conciencia social de un momento determinado, por muy artificial que sea la idea que ilustra.
Quizá, por mucho que critiquemos la cultura de masas, en nuestro interior sigamos disfrutando con las carreras de vainas de Star Wars, o con los cómics de Superman. Quizá la clave del éxito ante las masas sea el goce de los sentidos, sobre la profundidad del concepto. O quizá no sea sólo eso.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Norman Rockwell


¿Cuál es la barrera que separa la pintura de la ilustración? Y me referiero a la pintura como disciplina artística, no sólo como técnica.
Una vez, alguien me hizo un comentario sobre la "narrativa" de la imagen. En un lienzo, no siempre se distinguen todos los detalles, pudiendo entreverse lo que el autor quiere decir y "dejando algo a la imaginación del espectador". En una ilustración, sin embargo, hay quien opina que es el detalle lo que cuenta, lo que enriquece la imagen. Llendo un poco más allá, está el sentido que tiene una y otra, para llamarse de un modo u otro; la pintura es un medio para expresar algo por parte del autor, que no procede de una descripción concreta, sino de su propio intelecto. La ilustración, sin embargo, trata de pasar al medio visual algo que se ha transmitido anteriormente con palabras.
Obviamente, lo referido anteriormente no son más que generalizaciones; hoy día, la pintura no sólo parte del intelecto del autor, sino también de otras muchas referencias y temas ajenos a éste, que sirven de punto de partida, al igual que cualquier disciplina artística; y hace tiempo que la ilustración dejó de servir tan sólo como mero acompañante del texto.
Norman Rockwell, autor de numerosas portadas para el Post estadounidense, y de las más célebres imágenes que se asociaron a algunas marcas durante los años veinte así lo demuestra; es uno de tantos ejemplos que prueban que la pintura, un tipo de arte de sobra integrado en el mundo de las galerías y museos, también tiene que ver con la ilustración. O más bien, que la ilustración tiene que ver con la pintura y el arte de galerías y museos.
Rockwell siempre se sirvió de la pintura para retratar a sus personajes, y, a su vez, a una América estereotipada y satírica.
Sin duda, su trabajo contiene una técnica destacable; fue famoso por sus modelos, que intervinieron en más de una ilustración y cuyos papeles no siempre se asemejaban a su estilo de vida real. Solía disfrazarlos como gente cualquiera (con la que todo el mundo pudiera haberse cruzado en algún momento), cuyas anécdotas relataban situaciones fácimente creíbles e identificables, hablando de temas que tenían que ver con la situación del momento (económica, social, cultural,...), pero siempre de un modo entretenido, humorístico, e incluso optimista. Digamos que parece que Rockwell pretendía criticar su sociedad, pero desde un punto casi comprensivo. El caso, es que la pintura siempre fue la técnica que mejor le vino para retratar todo ese conjunto de anécdotas. Siempre llenas de detalles (algunos más visibles que otros), sus ilustraciones narraban historias, sugerían estados de ánimo, sentimientos, crítica.
¿Cómo diferenciar al pintor Rockwell, del ilustrador? Sencillamente, imposible. Probablemente, lo más sencillo sería decir que se trata de un ilustrador cuya técnica predilecta es la pintura, pero, ¿No es pintor quien ejerce la pintura para expresarse (valga la redundancia)?
Rockwell era un artista multidisciplinar, pintor, ilustrador, creativo. Sus imágenes no responden a clasificación alguna. ¿Por qué hoy día se tiende a separar unas disciplinas de otras?
Espero, si no responderlas, desarrollar estas cuestiones a lo largo de la investigación.

lunes, 15 de octubre de 2012

Referentes varios

Ayer me dediqué a buscar referencias para los personajes de la obra de Perrault.
En primer lugar, analicé el carácter de cada uno, y después pensé en personajes de la vida real que pudieran encajar en sus perfiles. Como veréis, se trata de gente que aparece en los medios audiovisuales, ya que prefiero buscar entre caras conocidas, con las que la mayoría de los espectadores estén familiarizados. El resultado de la búsqueda fue este:

Para Pulgarcito y sus hermanos, probé a buscar películas (que suele ser mi recurso más utilizado) en la que aparecieran niños, a ser posible, de entre 7 y 11 años. Tras ver varios de ellos, me dí cuenta de que sus rasgos no diferían demasiado, y caí en que la diferencia de edad entre unos y otros, y el periodo de crecimiento en el que aun se encuentran, no define aun sus facciones lo suficiente como para crear cierta personalidad en su físico; sin embargo, hay algo que me interesa mucho en todos ellos, y es el carácter que expresan con sus gestos en función de los personajes que interpretan (expresión triste, alegre, inocente, astuta, traviesa, etc.).

La búsqueda de un referente para el Ogro fue divertida; sólo tuve que recordar a algunos de los hombres que he visto últimamente que cumplieran con el físico que cabe experar de un monstruo tal, sin llegar a ser monstruos; hombres muy fornidos, gruesos, con rasgos brutos (nariz ancha, cejas pobladas, mandíbula pronunciada) y expresión malhumorada. Lejos de retratar un ser fantástico, me decanto por, más bien, un hombre terriblemente malvado, cruel, irracional y falto de sentido común cuyo tamaño supera al habitual, y cuya fuerza bruta rige más que su cerebro. Cabe imaginar que, en aquellos tiempos, los crímenes y la explotación infantil debido a situaciones extremas de pobreza, estaban a la orden del día, y no creo necesario exagerar el carácter fantástico del cuento con un antihéroe artificioso, sino mostrarlo tal cual imagino al autor de dichos crímenes en el mundo real.

La esposa del Ogro debe ser una mujer mayor afable y bondadosa, aunque en sus rasgos debe quedar plasmada la violencia que su marido proyecta sobre ella, no de forma tan directa como las cicatrices o hematomas, pero sí en la expresión de gravedad, o el gesto de tristeza producido por un pasado turbulento junto a su compañero. En realidad, resulta un personaje complejo psicológicamente; resulta ser una mujer buena, que sin embargo vive junto a un ser horrible. No sabemos de dónde procede esa unión, pero, partiendo de la época en que fue escrito el relato, en la que las mujeres aún carecían de derechos ante los hombres, podríamos imaginar que no está casada con el Ogro voluntariamente, y que su vida junto a él no es demasiado agradable.

Aun más interesante resulta la relación entre la esposa del Ogro y él si contamos con que ambos han tenido hijas. Las ogresas, asesinadas por su padre gracias al ingenio de Pulgarcito, son seres casi demoníacos, pero muy queridas por sus padres. Al igual que ocurre con el Ogro, no quisiera exagerar el físico de estas pequeñas arpías, identificándolas, más bien, con niñas detestables a las que un niño de siete años podría temer y odiar al mismo tiempo. De modo que, lo que el autor describe como niñas que chupan sangre, podría traducirse a un abuso de los demás niños, o al hecho de no ser castigadas por el mal que ocasionan. Al igual que en el resto de personajes, sus rasgos físicos deberán estar apoyados por una expresión que las caracterice, en este caso, maldad suavizada por los dulces rasgos de una niña.

Winsor McCay


Hoy Google homenajea a Winsor McCay, autor de la célebre tira cómica Little Nemo, en la que se narraban las aventuras de un niño que se sumergía en sus sueños, puesto que hace exactamente 107 años fue publicada por primera vez en la en la edición del suplemento dominical del New York Herald. Cabe destacar de esta historieta, ante todo, el despliegue de fondos y mundos fantásticos que el autor plasma en cada aventura del protagonista, en el cual reside el verdadero encanto de la narración.
Cada vez que me topo con este tipo de referentes no puedo evitar preguntarme si hoy día podría alguien igualar esa destreza en la representación de fantasías, con la originalidad e imaginación que requiere, y enganchando al espectador a cada viñeta, suscitando en él cierta ansiedad por descubrir una nueva aventura. En realidad, todo ello forma parte de las aspiraciones de cualquier dibujante, pero no es fácil de conseguir actualmente, rodeados de tal cantidad de imágenes e información. Es difícil encontrar una fuente sin caer en una versión o relectura posterior, y encontrar la original se complica cada vez más.
Pero volvamos al tema que hoy nos atañe. Además del gran trabajo que McCay realizó en Little Nemo, queda valorar la ingeniosa idea que Google ha tenido al convertir sus viñetas en un cómic animado. En un tiempo en el que toda (o la mayoría) de la comunicación mass media pasa a través de una imagen hasta llegar al receptor, no basta con adaptar los dibujos de McCay al logotipo de Google, sino que deben implicar una animación que les aporte un toque diferente, y que además entretenga al observador mediante la interacción.
Hoy día, es difícil crear algo original, pero a veces, con pequeñas variaciones en el soporte, se puede llegar más allá de los ojos del interlocutor, que al fin y al cabo, es lo que cuenta. Los doodles de Google lo demuestran: un buen referente artístico, y una simpática aplicación, para atravesar la barrera de la fría tecnología y hacer tributo a un gran ilustrador.

domingo, 7 de octubre de 2012

Miguelanxo Prado

Hoy me he topado con este vídeo en el que Miguelanxo Prado, dibujante de cómic, y autor de la animación De Profundis (gracias a la cual conocí su trabajo) al que admiro, explica parte de su proceso creativo, y nos muestra, a través de conversaciones con otros artistas del mundillo algunos de los entresijos de la profesión de dibujante. Es especialmente interesante (al menos para mí) cómo muestra y explica su trabajo, su estilo y su gusto por el dibujo realizado con "medios naturales", y los consejos que aportan las personas que se dedican a editar y colaborar en el mundo de la ilustración editorial a los jóvenes dibujantes que aspiramos a pertenecer a ese mundo algún día.